La lucha libre. Entre lo real y lo imaginario

Por Luis Enrique Ferro Vidal (texto elegido por Aline Huerta)

Con todo lo que conlleva este fenómeno, lo hace un caos, un escenario barroco plenamente organizado que al verlo nos deslumbra con su abigarrado contenido de significados, en el que todos participamos como protagonistas de la obra o como observadores, porque hay tantos insultos que hasta las madrecitas santas salen raspadas.

Esto hace que acudamos a observar a los luchadores y tomar partido por algún bando, pues ellos representan el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal. De esta manera, los aficionados se desahogan en esta catarsis llamada lucha libre, que vuelve locos a psicólogos y antropólogos. Para comprender en toda su extensión y complejidad este escenario, este mundo del “costalazo” tan lleno de colorido por sus máscaras, vistosos trajes y espectaculares lances, y además disfrutar de sus sabores y sinsabores que le han dado fama internacional, hay que estar en el momento preciso y en el lugar indicado, es decir, acudir a la mismísima arena. Sólo así podremos sentir correr la adrenalina por el cuerpo al momento de apagarse las luces y dar vida a una serie de colores que vagan a sus anchas por las paredes y por el piso de la arena.

Lo anterior no es nada comparado con lo que sigue: el corazón palpita con mayor intensidad haciéndonos sentir más vivos que antes de entrar a la arena y ocupar nuestro lugar, y escuchar al presentador, que hará las veces de narrador de una historia que comienza con el clásico grito: “Lucharaaán a dos de tres caídas sin límite de tiempoo”, con lo que nos invita a abandonar el tiempo común y adentrarnos a otro, el de la duración de la lucha misma, de la que no podremos desprendernos hasta que finalice el ritual. Pasaremos, entonces, a otra dimensión, al mundo de los sueños, donde el tiempo transcurre a través de llaves y contra llaves.

El verdadero éxtasis inicia en la arena, en nosotros mismos al ver surgir de un pasillo humeante una serie de seres fantásticos, de seres humanos que se han transformado en los vestidores en personajes que representan a seres del más allá como Karis la Momia, Halloween, Ultratumba, a personajes que materializan conceptos humanos como Psicosis y Kaos; dioses mitológicos como Thor; superhéroes como Batman y Robin, los Power Rangers y súper enemigos como el Guasón y Jasón el Terrible; también hay personajes zoomorfos como Fierita y Felino, y quienes representan realidades sociales como el Huichol, el Mestizo o el Niño de la calle, incluso hay santos y demonios; en fin, aquí todo puede ser representado para llevarnos a un universo distinto, a otro punto geométrico, convirtiendo un lugar común en uno donde los personajes de los cuentos que nos contaban nuestras abuelas o nuestras madres cobran presencia, toman vida propia y nos adentran de manera palpable, y ya no sólo en nuestra imaginación, a ese mundo de maravillas.  Con la salida de un lugar sólo por ellos conocido, estos seres de cuento son tocados por los niños, algunos con máscaras de sus ídolos, que se acercan para palparlos y obtener su autógrafo en el programa del día hecho de papel revolución.

Su entrada es la clave del espectáculo de la lucha libre, es el comienzo de la fiesta. En ese momento el éxtasis de expectación se convierte en estruendoso alboroto por los gritos, abucheos y chiflidos acompañados de insultos que surgen de los eufóricos espectadores, que animosos quieren ser partícipes de esa interminable historia de la lucha entre el bien y el mal. Esto sólo lo provoca la lucha libre con su constante enfrentamiento del equipo o bando de los rudos (“los malos”) y los técnicos o científicos (“los buenos”). Recordemos que nos encontramos en un mundo donde lo imaginario se hace realidad y todo en la arena adquiere una realidad a la que no estamos acostumbrados, por lo que no debemos mirar a la lucha libre como lo hacemos cotidianamente, porque en ese momento de verbena el ring se convierte en el espacio del culto, en una montaña cósmica que ningún mortal puede pisar y que es exclusiva de los luchadores. Es ahí, además, donde nos muestran una historia, su historia.

El réferi es el concedor del ritual y el único que puede acercarse a ellos en esa área ceremonial. Las esquinas, rudas y técnicas, son los postes cósmicos que los colocan entre el cielo y la Tierra, el cielo y el infierno, estableciendo así el punto exacto en el que interactúan las divinidades con los mortales. Por varias razones los luchadores son elevados a seres míticos: porque provienen de un lugar desconocido por el ser humano, pues son los que con su historia dominan el tiempo y, a su vez, en esos momentos el público no habla de otra cosa. La máscara y la abundante cabellera de quienes no portan careta son los elementos en los que depositan su fuerza; si las pierde ésta disminuye. Pero en el caso de los enmascarados la pérdida es mayor, pues la máscara es su verdadero rostro y al perderla son denigrados y desciende su jerarquía.

La arena se transforma en el espacio del rito donde las divinidades muestran a los narradores una historia: la lucha entre el bien y el mal que provoca en el público vivir y recrear su mundo rindiendo culto a los luchadores. Se apropia de ellos y de la historia, y él mismo pasa a ser protagonista al participar en ese valle de lágrimas, de dramas, con momentos de suspenso y de risas que van más allá del circo, maroma y teatro que supuestamente brinda la lucha libre. Se establece así una analogía con la vida diaria, pues ve al bien combatir al mal, y sufre cuando el mal patea por debajo de la mesa al bien. Bajo esta perspectiva de piquetes de ojos, puntapiés y costalazos, el público se apropia, consciente o inconscientemente, de ese mundo como el que vive a diario, en el que hay buenos y malos. Esto permite al espectador percibir a la arena como el recinto especial donde se reproduce el drama de su vida diaria. Y es en esta fiesta donde adquiere el sosiego emocional en el mundo irreal de la lucha libre que, como hemos visto, se enmascara por sí misma.

Imagen

(foto: espaciocritico15.wordpress.com)

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