Adiós Don Alfredo

Por: Miguel Ángel Zertuche.

El Siglo XX apenas había rebasado su primer cuarto de vida y ya experimentaba el horror de una guerra sin precedentes. Paradójicamente, algunas naciones buscaban desesperadamente de asentar las nuevas bases para lograr la paz, al mismo tiempo que los nacionalismos arraigados desbordaban sin control tratando de encontrar escape en un nuevo conflicto bélico.

Era una época de contrastes, de cambios y transición. 1926 era un año negro en el ámbito social pero inolvidable para el mundo del futbol pues entre tan caótico panorama surgió la leyenda de uno de los hombres más virtuosos que jamás haya pisado un terreno de juego: Alfredo Di Stéfano.

Cinco días antes de que el pueblo argentino celebrara el 110° Aniversario de su Independencia, en el tradicional pueblo de Barracas, ubicado en el corazón de Buenos Aires, el 4 de julio nació Alfredo Estéfano Di Stéfano Laulhé.

Di Stéfano, máxima figura en la historia del Real Madrid, confesó alguna vez que jugó futbol sin planearlo, sin desearlo; por simple casualidad y por recomendación de su madre. Cuando la adolescencia plasmaba sus primeras manifestaciones en el cuerpo de Alfredo, una raya roja atravesó su pecho. Era la casaca de River Plate, la misma que su viejo portó y que él le había jurado enaltecer a nombre de ambos.

Sus primeras intervenciones se registraron en partidos amistosos y experimentos de pretemporada, pero entonces ya nadie tenía duda de sus cualidades como delantero. Ante Huracán, Di Stéfano debutó en la Primera División argentina la tarde del 15 de julio de 1945, cumpliendo un sueño que persiguió durante años. Y aunque su primera campaña careció de protagonismo, la experiencia de ser campeón a los 19 años y de compartir el vestuario con Ángel Labruna y Félix Loustau, le hicieron madurar.

Con la idea de que se foguera en el máximo circuito, la directiva rioplatense decidió ceder a préstamo al joven artillero y precisamente Huracán fue el beneficiado. Alfredo no decepcionó, marcó diez goles en aquella temporada, un número respetable considerando lo limitado del plantel quemero. Esos goles permitieron su retorno al gallinero como titular indiscutible.

1947 representó la consagración para Di Stéfano. En el ámbito nacional maravilló guiando a River Plate al campeonato con sus 27 goles; de paso, alzó el título de goleo del torneo. Ese mismo año fue convocado a la albiceleste que disputaría la Copa América en Ecuador. Esta fue la única ocasión que Di Stéfano defendió los colores de Argentina, sin embargo dejó como prenda de su talento seis goles en igual número de partidos, llevando de la mano a su Selección hasta el campeonato.

La euforia del pueblo argentino por ver jugar a su nuevo ídolo se frustró en 1948, cuando estalló una huelga de jugadores. Muchos futbolistas de aquella época emigraron a otras latitudes en busca de mejoras salariales, tal fue el caso de la Saeta Rubia, quien firmó un contrato con los Millonarios de Bogotá. Con Millonarios marcó una época dorada en el futbol colombiano. Hizo una grandiosa mancuerna con Adolfo Pedernera. Di Stéfano marcó un total de 267 goles con el Ballet Azul.

El sueño europeo de la Saeta comenzó cuando el Real Madrid celebraba 50 años de existencia. Para conmemorarlos, Santiago Bernabéu, presidente merengue, organizó un triangular e invitó al Norrkoping de Suecia y al Millonarios de Colombia, del que ya tenía antecedentes al haberlo enfrentado en un amistosos efectuado en Venezuela.

La magia del argentino deslumbró por primera vez a la exigente afición blanca que atónita veía como su invencible Real sucumbía ante el fabuloso juego de los Millonarios. En los partidos siguientes entre ambos equipos, los cafeteros nunca conocieron la derrota y fue a partir de ahí que Alfredo despertó la codicia de los dos grandes clubes de España por ficharlo. El 23 de septiembre de 1953, Santiago Bernabéu presentó (con una sonrisa pocas veces dibujada en el rostro) a un Di Stéfano vestido de blanco.

Ni el poeta más inspirado hubiera encontrado palabras para definir el romance Madrid-Di Stéfano, pasión que se extendió durante once gloriosos años y que perdurará mientras exista algún interesado en el balompié.

Pocos hombres en la historia del futbol pueden presumir de haber vivido años tan intensos como los experimentados por Di Stéfano en su época merengue. Consiguió ocho Ligas rompiendo una sequía de veinte años sin títulos en la vitrina de Chamartín. Fue Pichichi cinco veces (en total anotó 418 goles en 510 juegos con la casaca blanca), levantó cinco Copas de Europa a lado de la delantera más temible de todos los tiempos conformada por Francisco Gento, Héctor Rial, Ferenc Puskas y Raymond Kopa.

Di Stéfano fue el primer jugador en besar la Copa Intercontinental tras derrotar al Peñarol; ganó en una ocasión la Copa de España, fue nombrado dos veces Mejor Jugador de Europa, capitaneó a la Selección Resto del Mundo, se nacionalizó español y jugó para la Furia Roja en 33 oportunidades marcando 23 goles. Fue secuestrado en Venezuela e incluso se dio el lujo de hacer algunas películas como La Batalla del Domingo La Saeta Rubia. Lo único que le faltó fue jugar una Copa del Mundo.

No era un secreto que los mejores años para Di Stéfano habían quedado atrás, sin embargo, el Espanyol de Barcelona le ofreció un contrato por dos temporadas. En el ocaso de su carrera se permitió marcar algunos goles más, aunque los miles de minutos que sus piernas arrastraban le impedían ser tan constante como en tiempos anteriores. Finalmente, Alfredo Di Stéfano dejó el futbol en activo en un partido de homenaje entre Real Madrid y Celtic Glasgow, ante un pletórico Santiago Bernabéu que aplaudió de pie varios minutos a su más grande ídolo.

Durante su etapa como entrenador (21 años en total) no tuvo la misma fortuna que dentro del campo; pero conoció la gloria al frente de los dos grandes de Argentina: Boca Juniors y River Plate, aunque fue con el Valencia donde cosechó sus mejores resultados al llevar el trofeo de la Liga a la vitrina naranjera en 1971.

Lamentablemente nunca pudo hacer campeón de Liga a su amado Real Madrid, pero bajo sus órdenes los merengues alzaron una Supercopa de España al vencer al Barcelona en 1991. Aquel fue el último partido que dirigió. Di Stéfano se hizo merecedor de todo tipo de reconocimientos y homenajes, la FIFA le otorgó la Órden al Mérito Futbolístico y lo consideró como uno de los diez mejores jugadores de todos los tiempos. En 1989 la Revista France Football le otorgó el ‘Súper Balón de Oro’ por ser el mejor jugador del mundo en las últimas tres décadas. Por su parte, Real Madrid lo nombró Presidente Honorario en retribución a todos los momentos gloriosos regalados por sus botines.

Alfredo Di Stéfano falleció hoy a la edad de 88 años en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, tres días después de sufrir una parada cardiorrespiratoria cuando salía de un restaurante. El madridismo llora la pérdida de su máxima figura. Descanse en paz la eterna Saeta Rubia. 

descarga (10)

 

(Foto: http://www.abc.es)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s