Los hinchas que vistieron a los jugadores.

Texto de Luciano Wernicke (elegido por Rodrigo Galindo).

El 26 de marzo de 1994, Chacarita y Almagro se enfrentaron por el campeonato de Primera B argentino. Como ambas instituciones eran vestidas por la misma marca de indumentaria deportiva, Penalty, se puso en juego una copa, que quedaría en las vitrinas del conjunto vencedor. La iniciativa contó con el visto bueno de los dos clubes. Sin embargo, a la hora de salir a la cancha… ¡Sorpresa!: las dos escuadras lucían atuendos totalmente blancos. Para colmo, ninguno de los dos equipos había previsto un juego de ropa alternativo para un eventual percance. Con el correr de los minutos, un simpatizante local propuso una solución para superar el tremendo papelón: pedir prestadas a la hinchada remeras “tradicionales” a bastones rojo, negro y blanco, con el número estampado. En un abrir y cerrar de ojos, desde atrás del alambrado cayeron prendas para formar decenas de equipos, producto de la reconocida fidelidad de los seguidores de Chacarita por llevar a los estadios los colores de sus amores. Rápidamente, se armó una selección del 2 al 16 y se distribuyó entre los futbolistas, que iniciaron las acciones con 22 minutos de retraso. Finalmente, Chacarita se impuso por 3 a 2 y el trofeo. Cuando el capitán Sergio Lara se acercó al directivo de Penalty para recibir el premio… ¡Otra sorpresa!: el defensor vestía una camiseta marca Taiyo, el anterior patrocinador del equipo.

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